En 1996, el antropólogo Maciej Henneberg descubrió que los koalas, únicos mamíferos no primates con huellas, presentan patrones de bucles, remolinos y arcos tan similares a los nuestros que, incluso bajo microscopio, resultan difíciles de distinguir.
Este fenómeno se explica por evolución convergente y aunque humanos y koalas están separados por unos 100 millones de años de historia evolutiva, ambos desarrollamos huellas para mejorar el agarre y la sensibilidad táctil. En el caso de los koalas, sus dedos les permiten trepar y seleccionar hojas de eucalipto con precisión, una tarea que exige control fino y fricción efectiva.
Algunas fuentes han sugerido que las huellas de un koala podrían llegar a confundirse en una investigación policial, pero los expertos forenses lo descartan casi por completo. Aunque la similitud con las huellas humanas es asombrosa, no existe ningún caso documentado en el que las de un koala hayan aparecido en una escena del crimen o hayan interferido en una investigación. Aun así, el parecido es tan llamativo que no deja de ser un dato curioso digno de mención.
*Extraido de la red
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