jueves, 11 de septiembre de 2025

¿Vida después de la muerte?










La muerte se concibe como el fin de la vida. El organismo deja de ser capaz de realizar sus funciones básicas, perdiendo su homeóstasis o estado de equilibrio y haciendo que el corazón deje de latir y bombear sangre, dejemos de respirar y el cerebro deje de funcionar y registrar actividad eléctrica. En este sentido hay que tener en cuenta que se considera que la auténtica muerte es la cerebral, es decir la que supone que el cerebro cese su actividad, ya que otras funciones funciones pueden ser retomadas artificialmente. Pero dicha muerte no es un momento súbito, sino un proceso más o menos prolongado en que el organismo se va apagando.

Que morir supone que nuestro organismo deje de funcionar como hasta entonces por sí mismo es algo compartido por la mayoría de tradiciones, creencias y estudios científicos. Sin embargo, es a partir de este punto en el que empieza el debate. Nuestro organismo ha dejado de funcionar y finalmente hemos muerto. ¿Qué supone esto? ¿No hay vuelta atrás? ¿Pasa algo después?

Hipótesis científicas sobre la vida tras la muerte

Antes de empezar a comentar y debatir respecto a si existe o no vida después de la muerte cabe tener en cuenta que aunque parezca algo universal, la muerte puede ser entendida desde diferentes perspectivas. Por ejemplo, en el caso de que existiera vida posteriormente a ella, dejaría de ser algo definitivo y finalista para pasar a ser una especie de lindar hacia la siguiente fase de la existencia. En caso contrario estaríamos hablando del final del ser, de la existencia, y de la progresiva descomposición de lo que una vez fuimos.

Dicho esto, veamos algunas de las diferentes hipótesis y teorías basadas en argumentos (si bien en muchos casos son consideradas pseudocientíficas o sesgadas por parte de la comunidad científica) respecto a la existencia de una posible vida después de la muerte.


Gran parte de las hipótesis referidas a la existencia de la vida después de la muerte surgen del estudio y análisis de las experiencias cercanas a la muerte: situaciones en las que un sujeto ha estado clínicamente muerto (funcionamiento encefálico incluido) durante un corto período de tiempo pero al que finalmente se ha conseguido reanimar mediante diferentes técnicas. Especialmente conocido es el estudio realizado por la Universidad de Southampton al respecto, iniciado en 2008 y cuyos resultados se publicaron en 2014.

El estudio reflejaba una gran cantidad de casos de experiencias cercanas a la muerte en pacientes con paro cardíaco que estuvieron clínicamente muertos pero a los que finalmente se consiguió reanimar. En gran parte de estas experiencias y tras haber conseguido recuperar al paciente, parece reflejarse que éste ha mantenido un hilo de conciencia durante todo el proceso que provoca que incluso pueda llegar a relatar lo que estaba sucediendo en la sala durante el período en que estaba clínicamente muerto. También refieren sensaciones de flotación, de verse desde fuera del cuerpo (y es desde esta situación desde la que suelen describir qué ocurría mientras estaban muertos), sensación de enlentecimiento del tiempo y paz. En algunos casos también relatan haberse entrado en un túnel de luz.

Hay que tener en cuenta que es cierto que el cerebro puede permanecer vivo durante un breve espacio de tiempo tras el cese de la respiración y la actividad cardíaca: nuestra conciencia y percepción no se desactiva bruscamente, lo que podría hacer que aunque nuestras constantes fueran incompatibles con la vida aún poseyeramos unos segundos o incluso minutos de conciencia. Pero los estudios realizados por la Universidad de Southampton señalan que en muchas de las experiencias cercanas a la muerte el cerebro no tenía actividad durante el período relatado en cuestión y que las descripciones ofrecidas por los pacientes eran muy precisas a la hora de describir los objetos y situaciones que se dieron durante su muerte.

Otro experimento del mismo tipo ha sido llevado a cabo en la Technische Universität de Berlín, con personas creyentes y ateas a los que han resucitado tras estar clínicamente muertas y cuyas experiencias reflejan patrones semejantes a las anteriormente descritas. Este tipo de teorías son algunas de las más importantes y de las que mayor apoyo han tenido.

La ecuación de Yuri Bérland

Yuri Bérland es un estudiante ruso que ha creado una ecuación matemática en la que partiendo de la consideración de la vida como información y estando vinculada con el tiempo, ofrece como resultado una constante. Ello podría indicar, según dicho estudiante, que matemáticamente es posible considerar la vida como algo constante y que por lo tanto no tiene un final, si bien se trata de una hipótesis que aún no ha podido ser publicada.

Hipótesis contraria a la existencia de vida tras la muerte

Una gran mayoría de la comunidad científica considera que la muerte es el final, no existiendo pruebas de la existencia de nada más allá de ella. El sustrato neuroanatómico que permite la consciencia es el cerebro, lo que implica que tras el cese de su actividad está también deja de funcionar.

También se propone que las experiencias cercanas a la muerte y las sensaciones que manifiestan quienes las sufren son normales y esperables como consecuencia de las alteraciones biológicas producidas al momento de morir: alteraciones en el temporal provocan efectos muy semejantes a las citadas, la visión de luz o un túnel se asociaría al estrechamiento de la consciencia y la dilatación pupilar propia de una persona en sus últimos momentos y la captación de detalles puede deberse a la persistencia durante unos segundos del funcionamiento cerebral mientras el organismo deja de funcionar.



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