Los investigadores observaron que quienes reportaban un peor puntaje en una escala de calidad del sueño de cinco niveles mostraban cerebros con mayor desgaste.
"La brecha entre la edad cerebral y la edad cronológica se amplió en unos seis meses por cada reducción de un punto en la puntuación de sueño saludable”, explicó Abigail Dove, investigadora postdoctoral del Instituto Karolinska en Suecia.
De acuerdo con Dove, “las personas con un sueño deficiente tenían cerebros que parecían en promedio un año más viejos que su edad real”.
El análisis incluyó a más de 27 mil 500 personas de mediana edad y adultos mayores que forman parte del Biobanco del Reino Unido, uno de los proyectos más grandes en investigación de salud.
Los participantes fueron sometidos a escáneres cerebrales y entregaron información sobre la calidad de su sueño. Además, se realizaron pruebas de sangre para medir los niveles de inflamación en el cuerpo.
Los resultados mostraron una relación clara: a menor calidad del sueño, más rápido envejecía el cerebro. La inflamación, según los investigadores, explicó alrededor del 10% de este vínculo.
Posibles mecanismos detrás del daño cerebral
El estudio señala que el mal descanso no solo afecta la energía diaria, también puede impedir el buen funcionamiento del sistema de eliminación de desechos del cerebro. Dicho sistema trabaja principalmente mientras una persona duerme.
Cuando este proceso se interrumpe, aumentan los niveles de sustancias tóxicas como la proteína beta amiloide y la tau, relacionadas con la enfermedad de Alzheimer. Otra vía de impacto podría estar en los efectos del mal sueño sobre la salud cardiovascular, lo que también repercute en la función cerebral.
“Dormir mal puede contribuir al envejecimiento cerebral acelerado y apunta a la inflamación como uno de los mecanismos subyacentes”, dijo Dove. “Dado que el sueño es modificable, puede ser posible prevenir el envejecimiento cerebral acelerado e incluso el deterioro cognitivo a través de un sueño más saludable”.
Lo que aún no se sabe
Aunque los hallazgos son significativos, los investigadores aclaran que el estudio muestra una asociación, no una relación de causa y efecto. Es decir, no se puede afirmar que dormir mal sea la única razón del envejecimiento acelerado del cerebro.
Lo que sí queda claro es que el sueño cumple un papel esencial en la salud cerebral y que mejorar los hábitos de descanso puede ser una estrategia útil para cuidar la memoria y la función cognitiva a largo plazo.
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