Ashlee Sellars tuvo noticias de su amiga Christa Pike por última vez a principios de esta semana, cuando esta le envió un mensaje de texto desde su celda en el corredor de la muerte, donde se preparaba para ser ejecutada mediante la inyección letal en el estado de Tennessee. Pike le decía a Sellars que no quería que ninguno de sus seres queridos estuviera presente en su ejecución.
El procedimiento estaba pautado para la mañana de este miércoles, pero fue suspendida por un tribunal de apelaciones. Horas más tarde fue autorizada por la Corte Suprema de Estados Unidos, que ya antes se había negado a suspenderla.
Ya con el camino legal allanado, la mujer de 50 años recibió dos dosis de una inyección letal a última hora del día. Y sin embargo, sobrevivió.
Pike fue entonces trasladada a un hospital para recibir "atención médica vital", informó este jueves de tarde Randall Spivey, uno de sus abogados. Y agregó que ella se encuentra "en estado crítico". el gobernador del estado, Bill Lee, ha ordenado una investigación independiente y suspendió la última ejecución prevista para este año.
"Nadie quería que ocurriera lo que pasó anoche", declaró Lee, del Partido Republicano, a periodistas. "Es una tragedia y me perturba profundamente que haya ocurrido en este estado. La gente se merece algo mejor y nos aseguraremos de que así sea".
Los abogados de Pike habían presentado una petición de clemencia para que le conmutaran la sentencia, pero Lee la rechazó este lunes y por eso se llevó a cabo la fallida ejecución. Pike tenía 18 cuando en 1995 ella y su novio de entonces, Tadaryl Shipp, golpearon y torturaron hasta la muerte a Colleen Slemmer, una joven de 19 años a la que conocieron en un campamento de formación laboral para adolescentes con problemas de conducta. El asesinato provocó un gran revuelo mediático en Knoxville, Tennessee, después de que Colleen fuera hallada muerto, con un pentagrama —un símbolo de ritual satánico— grabado en el pecho.
Pike había acusado a Colleen de insultarla e intentar robarle a su pareja. Otros dos residentes del campamento testificaron posteriormente que Pike se había jactado del asesinato antes y después del mismo, y que les mostró un trozo del cráneo de Colleen.
Un año después, ella fue condenada a muerte, mientras que Shipp, quien tenía 17 años en ese momento, recibió cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional.
Tras años de apelaciones fallidas, se había fijado la fecha de ejecución de Pike para este miércoles.
De no haber sobrevivido a las inyecciones, hubiera sido la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de 200 años. Solo 18 mujeres han sido ejecutadas en Estados Unidos desde la década de 1970, en comparación con 1.663 hombres.
La madre de Colleen dijo que quería que Pike fuera ejecutada para que su hija "por fin" pudiera "descansar en paz".
Antes de que la Corte Suprema diera la autorización definitiva, un tribunal de apelaciones había paralizado el procedimiento. En la audiencia que llevó a ese fallo, los abogados de Pike argumentaron que, durante años, el estado de Tennessee sostuvo ante los tribunales que la mujer había mentido sobre unos supuestos abusos sexuales sufridos durante la infancia.
Sin embargo, en una audiencia reciente sobre el método de ejecución, los representantes del estado declararon que no cuestionaban el hecho de que ella hubiera sufrido abusos sexuales y violación.
Con ello, el equipo legal de Pike solicitó al tribunal de apelaciones que remitiera su petición nuevamente al tribunal de distrito, argumentando que, si los tribunales federales habían basado su fallo en la afirmación de que ella mentía, entonces la revisión federal se habría visto afectada. Pike tiene un historial documentado de abuso sexual infantil, abandono y negligencia. Sus abogados creen que si el caso se juzgara hoy y fuera declarada culpable del mismo delito, al ser adolescente, no sería condenada a muerte.
En los años transcurridos desde su sentencia, su equipo legal ha descubierto detalles sobre su infancia que, según afirma, el jurado nunca tuvo la oportunidad de considerar.
"Resulta inconcebible que no presentaran ningún antecedente de abuso y violación, a pesar de que lo sabían", afirmó Sandra Babcock, experta en género y pena de muerte de la Facultad de Derecho de Cornell, quien ha trabajado en la defensa de Pike.
"Su caso es tan singularmente conmovedor, no solo por su historial de violencia sexual realmente incomprensible, sino por la combinación de eso con su juventud y su enfermedad mental".
En 1995, la psicóloga forense Diana McCoy fue contratada por el equipo de defensa de Pike y descubrió que había sufrido una grave negligencia por parte de ambos padres.
El informe de McCoy reveló que Pike sufrió abusos físicos y sexuales por parte de varios maridos y novios de su madre, y que fue violada en repetidas ocasiones: una vez a los 11 años y otra a los 17. Posteriormente, se descubrió que, siendo niña, fue violada repetidamente por el novio de su abuela.
McCoy afirmó que la madre de Pike no la creyó cuando le contó que estas violaciones habían ocurrido.
Pero la abogada de Pike no hizo declarar a McCoy ni llamó a muchos de los testigos que ella recomendó. Estos detalles salieron a la luz más de una década después, durante una audiencia judicial en la que se revisó su caso, cuando un nuevo equipo de abogados alegó asistencia letrada ineficaz, alegación que el juez desestimó.
En 2021, a Pike le diagnosticaron trastorno bipolar en prisión y desde entonces recibía medicación.
Posteriormente, otra psicóloga forense que trabajaba para la defensa de Pike, la doctora Bethany Brand, quien la evaluó en 2023, dijo que su caso era extremadamente raro porque fue víctima de abusos por parte de muchas personas que deberían haberla protegido.
"Su infancia estuvo plagada de abusos físicos, sexuales y emocionales. Varios hombres abusaron sexualmente de ella desde antes de que tuviera edad escolar", afirmó.
Brand dijo que Pike sufrió episodios maníacos sin tratar debido a un trastorno bipolar y a un trastorno de estrés postraumático (TEPT) sin tratar.
"Ambas cosas influyeron decisivamente en lo amenazada que se sintió por la chica a la que acabó matando y en su falta de control emocional en esa situación".
Babcock añadió: "Si permiten que la ejecuten, eso nos demuestra que la pena de muerte en este país es una farsa. No es para los peores criminales, sino para quienes reciben la peor representación legal y son los más vulnerables y perjudicados".
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