Romper un espejo sigue considerándose un presagio de mala suerte, pero el origen de esta superstición no está ligado a lo sobrenatural, sino a un problema de salud real: la toxicidad del mercurio con el que se fabricaban estos objetos durante siglos.
Según explica un vídeo del perfil (@fascinating_historic_world) en Instagram, “el romper los espejos fue considerado una mala suerte porque los espejos estaban hechos con una banda tóxica de mercurio que podía envenenar a toda la familia si el vidrio se rompía y liberaba vapores a los espacios comunes”. Así, la exposición al mercurio podía provocar consecuencias graves.
El envenenamiento por mercurio causaba “daño neurológico severo, fallo de órganos y muerte, haciendo que los espejos rotos fueran un riesgo de salud genuino, en lugar de una amenaza sobrenatural”. Esta toxicidad convirtió un simple accidente doméstico en un verdadero peligro para quienes convivían con estos objetos en sus hogares. “Podía envenenar a una familia entera”, si el espejo era de grandes proporciones, afirman.
La creencia de los 7 años de mala suerte también tiene explicación en este contexto histórico. Tal y como explica la misma fuente, “los 7 años de mala suerte representaban el tiempo aproximado que se tardaba para que el envenenamiento de mercurio manifestara síntomas fatales”. Con el paso del tiempo, el trasfondo científico se diluyó y quedó únicamente la superstición.
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