miércoles, 21 de enero de 2026

Qué es el fenómeno de la pareidolia




Una fachada con marcas de humedad o una nube con formas sugerentes. Muchas personas observan estas escenas y perciben rostros en objetos inanimados. Este fenómeno psicológico se conoce como pareidolia y responde a la tendencia natural del cerebro a reconocer patrones familiares en estímulos ambiguos. 
Un estudio publicado en 2025, en Imaging Neuroscience, demuestra que la pareidolia facial —la tendencia a ver rostros en objetos, sombras o nubes— activa en el cerebro humano los mismos circuitos especializados en el reconocimiento de caras reales. Los autores aseguran que este fenómeno es normal, universal y refleja una adaptación evolutiva que favorece la rápida detección de señales socialmente relevantes.
Expertos consultados comentan queel término proviene del griego “Eidolon”, ligado a figuras o imágenes, y aunque la palabra es de uso extendido, la Real Academia Española aún no la incluye en su diccionario, aunque sí considera su incorporación.

Según el neurocientífico Jeff Hawkins, el cerebro humano está diseñado para asociar patrones familiares a imágenes poco definidas. El córtex, responsable de procesar la información sensorial, identifica rastros de formas humanas, incluso en las superficies menos evidentes.

Este sesgo, lejos de representar un fallo, refleja la eficiencia con la que el sistema nervioso interpreta señales y procura anticiparse a los peligros o a lo desconocido. Por ejemplo, reconocer una cara en la oscuridad pudo haber sido clave para la supervivencia en épocas antiguas.

La variante más conocida de este fenómeno es la pareidolia facial. Consiste en detectar rostros humanos en diversos objetos, como en el vapor del café, en los azulejos del baño o en las vetas de la madera.

Sin embargo, de acuerdo con especialistas citados por la BBC, este fenómeno no se limita al ámbito visual. Existe una modalidad auditiva que consiste en asociar sonidos confusos con voces, melodías o palabras conocidas. Un canto de ave, un roce metálico o los ladridos de un perro pueden percibirse como frases o canciones, aunque, en realidad, no exista tal intención sonora.

En ese sentido, la investigación en Imaging Neuroscience señala que identificar rostros en patrones o imágenes ambiguas no indica un error perceptivo ni una patología, sino un mecanismo natural del sistema nervioso central que mejora la anticipación de amenazas y la interacción social, observándose en todos los grupos humanos y edades.

El fenómeno refleja una función adaptativa e involuntaria, por lo que no se recomienda interpretarlo como signo de un mal funcionamiento neurológico.

La experiencia de detectar figuras familiares en lo cotidiano se presenta en personas de todas las edades y culturas. Factores como la predisposición, la atención y las experiencias previas ejercen influencia en la intensidad y la frecuencia con la que el fenómeno se manifiesta. Los niños, por ejemplo, suelen reportar con mayor frecuencia experiencias de pareidolia.

El mismo estudio científico confirma que este mecanismo es especialmente frecuente durante la infancia y la adolescencia, cuando la plasticidad cerebral y la capacidad de asociación visual alcanzan su punto máximo, funcionando como parte legítima del desarrollo perceptivo y de la creatividad.

La ciencia también aprovechó este rasgo para investigar procesos mentales. La observación de la pareidolia se utiliza en pruebas psicológicas destinadas a explorar la percepción y la asociación de imágenes, como el conocido test de manchas de tinta. Este tipo de pruebas busca revelar patrones de pensamiento propios de cada individuo y la flexibilidad de su interpretación sensorial.

La popularización del concepto generó debates sobre la pertinencia de incluir la palabra “pareidolia” en el diccionario de la RAE. Aunque la comunidad lingüística reconoce su valor descriptivo y su uso cotidiano, la Real Academia mantiene el término en revisión para su posible inclusión futura.



*Extraída de la red

Por Naturella

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