Cuando en el año 982 el islandés Erik Thorvaldsson, más conocido como Erik El Rojo, se lanzó a la conquista de la costa suroeste de Groenland (él mismo le puso el nombre, que significa 'Tierra Verde') no podría imaginarse que más de diez siglos después aquellas tierras iban a ser motivo de una disputa mundial. El 80% de la isla codiciada por Donald Trump es una masa helada y yerma. Sólo está habitado el 20% restante, un territorio del tamaño de Suecia en el que convivían 56.699 personas a finales del año pasado, según cifras del Banco de Dinamarca.
Su población es inferior a la de capitales de provincia españolas como Cuenca, Teruel, Soria o Segovia y, sin embargo, su PIB per cápita (54.240 euros) supera al de Suecia (48.679) o Alemania (47.814 euros), en buena medida gracias a las subvenciones que recibe del gobierno danés, que representan alrededor del 20% de su economía, según el Banco Mundial. Este hecho o el escaso número de habitantes no impiden que la isla ártica comparta algunos de los principales problemas que afectan a las grandes economías europeas.
El crecimiento fue muy modesto el año pasado, y las finanzas públicas se deterioraron de forma "sorprendentemente pronunciada", según el banco central danés. La industria pesquera del camarón, vital para su economía, echó el freno, mientras que las inversiones en infraestructuras se redujeron, al estar prácticamente terminados los grandes proyectos de aeropuertos y energéticos que llevaban ya un tiempo en marcha.
Con una población activa de 29.979 personas y una tasa de paro del 3,3%, la escasez de mano de obra también es un motivo de preocupación, especialmente la de trabajadores cualificados. Al mismo tiempo, la presión que el envejecimiento de la población ejerce sobre el mercado de trabajo y sobre las finanzas públicas va en aumento. El propio Banco de Dinamarca prevé que los habitantes de Groenlandia se reduzcan un 20% de aquí a 2050, lo que implicará una "mayor presión sobre los costes de la atención sanitaria y de la tercera edad", advierte en su último informe económico sobre la isla.
Dependencia de las subvenciones danesas
De momento, el territorio autónomo ha firmado un acuerdo marco con el gobierno de Copenhague para aumentar la ayuda al tratamiento de sus pacientes en los hospitales daneses. No es el único apoyo que recibe de este. Cada año Dinamarca transfiere a Groenlandia una asignación fijada por ley para financiar gran parte de los servicios públicos del territorio, como educación, sanidad, sueldos de los funcionarios, infraestructuras... Esa subvención supone casi la mitad de los ingresos del gobierno local.
"Groenlandia es un territorio deficitario, que sobrevive gracias a las transferencias que hace Dinamarca cada año, y es uno de los motivos principales por los que todavía, a pesar de poder ser independiente, los groenlandeses no lo ven claro", explica a La Información Económica Víctor Burguete, investigador sénior en el área de Geopolítica Global y Seguridad del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs). Esas rentas ascienden a unos 4.100 millones de coronas danesas al año, alrededor de 550 millones de euros.
A lo anterior se suma la falta de infraestructuras, que dificultarían enormemente su transporte, y la necesidad de importar mano de obra del extranjero. Son todos factores que llevan a los expertos a poner en duda la viabilidad de los proyectos mineros de tierras raras, que son muy intensivos en capital (requieren de una inversión elevada) y los retornos tardan tiempo en llegar. Groenlandia llegó a intentar atraer capital chino que, por todas estas dificultades finalmente no llegó.
*Extraída de la red
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