martes, 2 de diciembre de 2025

¿Los romanos usaban orina para lavarse los dientes?





¿Es cierto este dato o se trata de un mito exagerado? La respuesta, como suele ocurrir en la historia, está llena de matices.

El origen del mito: Catulo y la sátira

La creencia de que los romanos usaban orina para higiene bucal se remonta a un poema del siglo I a.C. del poeta Catulo, conocido por su estilo mordaz y satírico. En sus versos, ridiculiza a un rival hispano llamado Egnacio, atribuyéndole el hábito de frotarse los dientes con orina para mantenerlos blancos. Catulo escribió:

“En tierra celtíbera, lo que cada hombre mea, lo acostumbra a utilizar para cepillar sus dientes y sus rojas encías cada mañana” .

Este pasaje, sacado de contexto, se ha citado durante siglos como “prueba” del uso de la orina. Sin embargo, no hay evidencia arqueológica o médica que respalde su aplicación generalizada en Roma. De hecho, el mismo poema contrasta esta práctica con los métodos “civilizados” de otros pueblos, sugiriendo que era una burla hacia los hispanos, no una costumbre romana .

La química detrás de la controversia

Aunque el mito persiste, la orina sí contiene amoníaco, un compuesto con propiedades blanqueadoras y desinfectantes. Los romanos la usaban ampliamente para lavar ropa y curtir pieles, aprovechando su capacidad para eliminar manchas y suavizar tejidos. Incluso el emperador Vespasiano impuso un impuesto sobre su recolección en baños públicos, famoso por su frase “Pecunia non olet” (“El dinero no huele”) .

Pero ¿para los dientes? Algunas fuentes secundarias, como el médico Escribonius Largus (siglo I d.C.), mencionan recetas dentales que incluían orina fermentada mezclada con vinagre, miel y cristales machacados. Sin embargo, estos textos son escasos y podrían referirse a prácticas marginales o específicas, no a un estándar de higiene.

¿Qué usaban realmente los romanos para cuidar sus dientes?

La evidencia histórica revela métodos más variados y sofisticados:

  1. Palillos de madera o metal: Para eliminar restos de comida .
  2. Polvos abrasivos: Hechos con huesos triturados, cáscaras de huevo, piedra pómez o conchas marinas, similares a las pastas dentales modernas.
  3. Enjuagues con vino o infusiones: Plinio el Viejo recomendaba agua fría con hierbas para refrescar el aliento 1.
  4. Pastillas perfumadas: Mezclas de mirra y miel para combatir el mal aliento 1.
  5. Dientes postizos: Marcial menciona prótesis dentales en sus epigramas, aunque eran un lujo para las élites 1.

¿Por qué persiste el mito?

La fascinación por lo escatológico y la interpretación literal de textos satíricos han alimentado esta leyenda. Además, el comercio de orina en la antigua Roma —un hecho histórico comprobado— pudo mezclarse con rumores sobre sus usos alternativos.



*Extraída de la red

Por Naturella 

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