Los mapaches, cada vez más habituales en las ciudades, han encontrado en los entornos urbanos una combinación perfecta de refugio y alimento. Pero su expansión trae riesgos: estos animales son vectores de enfermedades zoonóticas, lo que convierte su presencia en un desafío sanitario creciente.
La razón principal: los residuos humanos, que actúan como el motor de esta transformación.
Cómo se adaptan los mapaches a las ciudades
El estudio señala que los primeros cambios provocados por la presencia humana se observan en el comportamiento. La comida abundante y fácil de obtener en los contenedores de basura elimina la necesidad de buscar alimento por medios naturales, reduciendo la presión selectiva asociada a la vida salvaje.
Para determinar si los cambios conductuales estaban acompañados de modificaciones físicas, el equipo analizó 20,000 fotografías enviadas por ciudadanos a una plataforma de ciencia colaborativa.
El resultado fue claro: los mapaches que viven en zonas densamente pobladas tienen un hocico un 3.5% más corto que los ejemplares de áreas salvajes.
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